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lunes, 12 de diciembre de 2016

Leó Szilárd y HG Wells

¿Puede un escritor influir en la vida de algunas personas hasta el punto de cambiar su vida? ¿Puede un escritor cambiar el curso de la historia de la Humanidad? ¿Piensas que los nazis pudieron ganar la Segunda Guerra Mundial si hubieran inventado la bomba atómica antes que los norteamericanos? Si te dijera que en todo esto tuvo algo que ver HG Wells, ¿me creerías? Probablemente no.
Cuando empecé a interesarme por la vida y obra de HG Wells, tras varios años de investigar cualquier rastro de él en internet, un día hace como unos tres o cuatro años me topé con un hombre, un científico casi desconocido por el gran público (y por mí hasta entonces). Su nombre en español y en húngaro es Leó Szilárd, y en inglés Leo Szilard, por aquello que a los británicos odian los acentos.
Su nombres es poco conocido, quizá por ser húngaro y judío. Su nombre aparece en la web de la Universidad de Gotinga, una de las más importantes de Alemania y de Europa, con 24.000 estudiantes, 2.500 profesores y 8.000 técnicos que trabajan en la administración.
En la página web de Leo en wikipedia se dice que conoció la idea de las bombas atómicas por un libro de HG Wells, The World Set Free.
Abandonó la religión de sus padres y se convirtió en ateo. Gracias a una enfermedad, la mal llamada Gripe Española, probablemente salvó su vida pues su regimiento fue casi totalmente aniquilado en la Primera Guerra Mundial. Tuvo la suerte de no morir por la enfermedad, pues mucha gente murió por ella. En enero de 1919 reanudó sus estudios de ingeniería en Budapest. Le tocó vivir bajo la República Soviética de Hungría, un régimen prosoviético. En aquellos tiempos Szilárd era socialista, pero no prosoviético. Junto a su hermano Béla fundó la Asociación Húngara de Estudiantes Socialistas convencido de que un socialismo no soviético era la solución para un país paralizado por una grave crisis económica y política.
Convencido de que no había futuro en su país para él, emigró a Alemania el 25 de diciembre de 1919. Se aburrió de la ingeniería (al parecer nunca acabó sus estudios) y se matriculó en física. Recibió clases de Albert Einstein, Max Planck y varios profesores más muy conocidos pero de los que nunca oí hablar. Participó o creó numerosos inventos como el microscopio electrónico, que fue idea suya. Recibió la ciudadania alemana en 1930, pero en 1933, cuando el 30 de enero Adolfo Hitler se convirtió en canciller alemán, urgió a sus familiares y a sus amigos judíos a abandonar el país, como él mismo hizo. Primero se mudó al Reino Unido, donde transfirió su fortuna de 1.595 libras. Vivió modestamente en hoteles donde el hospedaje y la alimentación semanal le costaba 5 libras semanales.
En 1932 se construyó un acelerador de partículas y bombardearon átomos de litio con protones, lo cual produjo la emisión de partículas alfa y la liberación de energía. El físico Lord Rutherford, entonces en la cumbre de su fama por su descubrimiento de los protones, afirmó entonces que este método era una manera "pobre e ineficiente" de obtener energía, la gran metedura de pata del físico neozelandés. Entonces a Leó se le ocurrió la idea de que si un neutrón suelto golpeaba un átomo de algún tipo de sustancias que son fisibles, como el uranio 235, esto podía producir una reacción nuclear en cadena, es decir, el neutrón al chocar con el átomo, podría desencadenar que dicho átomo expulsase varios neutrones, los que a su vez, cada uno de ellos chocaría con otros átomos, y así sucesivamente. Este es el principio de las bombas atómicas que el ejército estadounidense dejó caer en Hiroshima y Nagasaki.
Richard Rhodes cuenta como fue ese momento de inspiración:
"En Londres, Southampton Row pasa Russell Square frente al British Museum de Bloombury, Leó Szilárd esperó con irritación una mañana gris de la Depresión a que el semáforo cambiara. Un rastro de lluvia había caído durante la noche. El martes 12 de septiembre de 1933 amaneció fresco, húmedo y aburrido. La lluvia torrencial comenzaría de nuevo a primera hora de la tarde. Cuando Szilárd comentó la historia más tarde nunca mencionó su destino aquella mañana. Puede que no tuviera ninguno. A menudo caminaba para pensar. En cualquier caso intervino otro destino. El semáforo cambió a verde. Al cruzar la calle el tiempo se abrió ante él y vió un camino hacia el futuro, la muerte en el mundo y todas nuestras aflicciones, la forma de las cosas por venir".
La forma de las cosas por venir es el título de otro libro de HG Wells, The Shape of Things to Come. En 1936 Szilárd patentó la reacción nuclear en cadena para mantenerla en secreto.
Temiendo que en Europa se desencadenase otra guerra (se dice que también predijo la Primera Guerra Mundial), el 2 de enero de 1938 emigró a Nueva York. Durante los siguientes meses viajó por varias universidades estadounidenses, y en la Universidad de Rochester inentó desencadenar una reacción nuclear en cadena bombardeando indio con neutrones, pero falló otra vez. En Londres ya había fallado al hacer el mismo experimento con berilio.
Con 2.000 dólares que le prestó un colega y un laboratorio que le cedieron gratis en la Universidad de Columbia en Nueva York, y conociendo que en Alemania ya se estaba investigando sobre el tema, puso en práctica una idea que se le había ocurrido: que el uranio era el elemento fisible que necesitaba. Bombardeó uranio con neutrones y obtuvo por primera vez en el planeta Tierra una reacción nuclear en cadena. Y como suponía, obtuvo mucha más energía que la utilizó para iniciar la reacción. Con esto demostró que la conclusión de Rutheford era falsa.
Szilárd mandó una carta confidencial al Presidente Roosevelt ecplicando su experimento y advirtiéndole que Alemania estaba investigando sobre el mismo tema. Como era poco conocido en EE UU, contactó con Alfredo Einstein y le convenció para que le firmara la carta. La carta Szilard-Einstein convenció al presidente quién dió órdenes de investigar el tema en lo que se llamó el Proyecto Manhattan.
Es muy curioso que tres físicos húngaros judíos, que huyendo del antisemitismo nazi, Edward Teller, Eugene Paul Wigner y Leó Szilárd, fueran tres de los investigadores principales del proyecto Manhattan. Lo que los nazis se perdieron por su antisemitismo.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Rastros autobiográficos de Wells en su novela Kipps

HG Wells escribió varias novelas con unos pasajes que reflejan, en mayor o menor grado, parte de su biografía. Kipps es una de ellas. Traduzco algunos párrafos a  mi manera del original en inglés de Project Gutenberg.

§2 (p. 7)
 
"La Academia Cavendish," la escuela que había conseguido dentro de sus limitadas opciones la desvanecida madre de Kipps, se estableció en una casa privada deteriorada en la parte de Hastings más alejada del mar; se llamaba la Academia para los Jóvenes Caballeros, y muchos de esos jóvenes caballeros tenían a sus padres en la "India" y en otros lugares no verificables. Otros eran hijos de viudas crédulas, ansiosas, tal como lo había sido la madre de Kipps, para obtener algo superior a una "escuela pública" pero tan barato como fuera posible; y otros eran enviados allí para demostrar la dignidad de sus padres y de sus guardianes. Y, por supuesto, también había chicos venidos de Francia. [Lo de padres en la "India" parece insinuar que sus progenitores se dedicaban a actividades no muy bien vistas socialmente].

Su "director" era un ser enjuto de largas y pesadas indigestiones y temperamento, que se proclamó a sí mismo como Geoge Woodrow F. S. Sc., en una placa dorada colocada en la fachada principal que daba al jardín, lo que indicaba que había pagado una cierta cantidad de guineas por un diploma falso. El único aula de la escuela estaba enclavada en un deprimente cobertizo en el exterior de la casa, y la calidad académica de sus pupitres arañados y desgastados estaba realzada por una pizarra resbaladiza y dos grandes mapas anticuados y amarillos, uno de África y otro de Wiltshire. que el dueño había adquirido por ser baratos en un remate. Había otros mapas en su estudio, donde recibía a los inqusitivos padres, pero sus pupilos nunca los veían. En el pasillo, en un armario de cristal, habían varios tubos de ensayo de a chelín, una retorta de cristal y un mechero de Bunsen estropeado, manifestando que aquello era el "laboratorio científico" mencionado en el folleto, lo cual no era más que una fanfarronería.

p. 8 Este folleto, que se encontraba escrito en un inglés solemne pero incorrecto, ponía el énfasis en la preparación sólida para una carrera comercial en la Academia, pero que además contenía una frase ambigua que daba a entender que también servía para el ejército, la armada y el servicio civil. Había algo vago en el folleto sobre "éxitos examicionales," --aunque Woodrow, por supuesto, no aprobaba "la leva militar," y una declaración de que el plan de estudios incluía "arte", "lenguas modernas extranjeras" y "una formación técnica y científica." El folleto insistía luego en el "bienestar moral" de los alumnos y un alarde enfático en la "enseñanza de la religión, tan a menudo descuidado hoy en día incluso en las escuelas de gran prestigio." "Tengo que ir a buscarlos," había comentado Mr. Woodrow cuando fue a buscar los folletos.Y fue a buscarlos con los birretes puestos. Los folletos también hablaban del maternal cuidado de la señora Woodrow, en realidad una pequeña mujer parcialmente desdibujada, con una cara lastimera y una mente siempre pendiente de la cocina y que se comportaba discretamente. Y el prospecto concluye con una frase intencionalmente vaga: "Tarifa sin restricciones y nuestra propia leche y productos."

Los recuerdos que Kipps guardó de esa escuela en su vida posterior eran de un clima de estrechez y de confusión mental, e incluía innumerables horas de permanecer sentado en chirriantes pupitres, aburrido y ocioso, de lamer y saborear las manchas de tinta, de leer libros rotos con tapas mordidas en el borde, de la superficie viscosa de las pizarras, de jugadas furtivas a las canicas, contar historias entre susurros, pellizcos, golpes, y un millar de pequeñas molestias "transmitidas" perpetuamente de acuerdo a la costumbre del lugar, de ser obligado a permanecer de pie en la clase, de ser golpeado de repente y sin razón por un imaginario mal comportamiento. Recordaba también los días malos del señor Woodrow, cuando una injusticia apenas justificada prevalecía, de la vacuidad fría de la hora de preparación antes del desayuno de pan y mantequilla, de los horribles dolores de cabeza y las extrañas indisposiciones ocasionadas por la cocina de la señora Woodrow, más maternal que cocinera inteligente. También recordaba los paseos tristes, con los chicos marchando en parejas de a dos con las gorras birretes que tanto impresionaban a las madres viudas. También recordaba las meias festividades tristes durante los días lluviosos donde reinaba el espíritu del mal genio y la imaginación malévola propias de los chicos reprimidos. Habían peleas injustas y deshonrosas y, derrotas y victorias miserables, acosadores y acosados escolares. Kipps acosaba especialmente a un niño cobarde, particularmente afligido, hasta que por fin se inclinó por la rebelión a causa de la incesante persecución,  hirió a Kipps practicando el boxeo. También recordaba dormir tres en una cama, del denso olor a cuero gastado de la escuela cunado volvían allá después de un recreo de diez minutos en el lodoso patio en los que, a menudo, había incidentes con piedras afiladas. Y también recordaba el lenguaje soez a espaldas del director.
"El domingo es el día más feliz," era una de las expresiones más recurridas por el señor Woodrow con los padres más quisquillosos, pero Kipps no tenía evidencia de ellos. Para él eran terribles períodos de inacción -sin trabajar, sin jugar, una monótona expansión del tiempo sin significado alguno durante el cual tenía que acudir dos veces a la iglesia.La tarde estaba dedicada a los juegos, entre los que destacaba aplicar torturas alos chicos menos agradables y más débiles. De la diferencia entre los domingos y los demás días laborales Kipps derivó su primera concepción definitiva de la naturaleza de Dios y el infierno. Su instinto le llevó a evitar a cualquier comocido tanto tiempo como pudo.
p. 9 El trabajo de la escuela variaba en función del estado de ánimo del señor Woodrow. 

El Hombre del Año Un Millón

The Man of the Year Million, así es como Wells imaginó a la humanidad en dicha fecha. Cuando Wells ingresó en la Academia de Ciencias de South Kessington, el primer año tuvo como profesor a TH Huxley (estos malditos anglófonos siempre poniendo iniciales a todo: su nombre era Thomas Henry, en cristiano Tomás Enrique, que parece nombre de personaje de un culebrón venezolano). Bueno, ahora va una adivinanza para los más versados en literatura: TH Huxley era abuelo de un afamado escritor inglés de ciencia.ficción, que escribió una famosa novela, una de las más conocidas y famosas novelas de ciencia ficción de todos los tiempos. ¿De quién estamos hablando? Bueno, una ayudita más: esa famosa novela era Un mundo feliz (en inglés, Brave New World).

TH Huxley era un defensor de la Teoría de la Evolución y su alumno Wells se tragó todas esas patrañas de que descendemos del mono... Eh, quiero decir que Wells interiorizó muy bien la Teoría de la Evolución de Darwin y llegó a escribir algún relato y alguna novela desarrollando el tema. La novela más conocida sobre este tema fue La máquina del tiempo. Uno de esos artículos fue El hombre del año un millón, fue publicado en 1893, dos años antes de hacerse mundialmente conocido y muy rico con la publicación de la máquina del tiempo). En él Wells imagina que:

  • El hombre no necesita piernas ni brazos de gran tamaño, así que en el relato, el descendiente del ser humano tiene unos brazos y unas piernas cortas.
  • No hombre no necesita comer como lo hacemos nosotros, sino que absorbe los nutrientes por la piel.Para comer se baña en un caldo nutritivo. Como no necesita el tubo digestivo (esófago, estómago, intestinos y otras tripas), el tronco es mucho más pequeño (supongo que principalmente albergará los órganos respiratorios (pulomnes, etc.).
  • el cerebro (y con él, el cráneo y la cabeza) crecen en desmesura.
  • las manos ("el profesor y el agente del cerebro") también crecen desmesuradamente
El resultado puede verse aquí,

Estos humanos son los precursosres de los "grises." Bueno, es la traducción de "greys,"  que incluye, entre otras criaturas, a los hombrecitos de Roswell. Ya sabeis, los que salen en la peli Nacido el 4 de julio o algo así, protagonizada por el negrito ese cachondo que hizo El Príncipoe de Bel-Air. Bueno, ya sabeis, ese actorcillo que salva la humanidad en casi todas sus películas. Ah, también hizo Los hombres de negro. Se ve que al actor se le da mejor matar marcianitos en sus películas que a mi hijo con la Play.

Wells volvió el tema de los hombrecillos grises en una de sus primeras novelas (Los primeros hombres en la Luna), obra prácticamente desconocida entre el público de habla hispana porque creo que no se ha traducido nunca al castellano.

Los marcianos de La Guerra de los Mundos tienen un aspecto de pulpo,

EN CONSTRUCCIÓN

The Iron Skeptic: A Media History of Gray Aliens

sábado, 9 de febrero de 2013

El Patito Feo

HG Wells fue un asistente de vendedor de paños pobre que se levantó de la sociedad en que vivía hasta lograr en un igual entre las grandes figuras de su tiempo. Él se describió como un patito feo que se descubrió a sí mismo como un cisne. Nacido en la apretada vida de una clase social media baja de la época victoriana, tuvo que luchar ferozmente para realizarse a sí mismo. Era, dijo, “una criatura tratando de encontrar su manera de salir de la prisión en que había caído. A pesar de los obstáculos, consiguió una buena educación científica, y más tarde, fama y fortuna.

Herbert George Wells nació el 21 de septiembre de 1866. Las circunstancias de su nacimiento no fueron promisorias: “un hogar en mal estado y con muchas necesidades” detrás de la tienda de loza y cristalería sin éxito en Bromley, Kent. Sus padres se habían encontrado como sirvientes en Uppark, una gran y noble casa campestre cerca de Midhurst en Sussex. Su madre Sara había sido la doncella de la señora; José, su padre, un jardinero. Después de su matrimonio en 1855, los Wells, como tantos otros en la Inglaterra victoriana decimonónica, habían emigrado del campo a la ciudad, asentándose definitivamente en Bromley, en donde compraron a un primo una tienda ruinosa de venta de china que fue siempre “un miserable modo de vivir”.

Herbert fue el cuarto y el más joven de los niños: Frances, quien murió joven, Frank y Fred, que vinieron antes que él. Débil y delicado de salud, su madre pensó que podía reemplazar a la hija muerta que ella había adorado, con lo que era inevitable que fuera malcriado. “Ay si los juguetes de su alteza le fueran negados,” recordaba su hermano Frank. También fue precoz. Su madre pronto le enseñó sus letras, y su primera palabra escrita, de los muchos millones que escribiría, fue “mantequilla” trazado en el cristal de una ventana arriba de la escritura de su madre.

La casa de los Wells estaba llena de tensión. El matrimonio no era feliz. Sara vivió una vida de resentimiento sombrío con su irresponsable marido, y se convirtió en una esclava de su marido luchando por mantener lo que Wells llamó su “delgada e imposible casa” (*). Wells recordaba las manos de su madre, “tan huesudas, demacradas, sucias, deterioradas de tanto coser y deformadas por el trabajo.” José, un modelo para la posterior creación de su hijo, Mr. Polly, fue siempre un comerciante apático e ineficaz, siempre apoyado en la puerta de su tienda. Aunque Bromley fue un suburbio de Londres en rápido crecimiento, con buenas oportunidades para el comercio, Joseph permitió que su negocio fuera a menos. Cuando podía, se escapaba para jugar a cricket. Era un jugador habilidoso, suficiente bueno como para jugar con Kent. A pesar de la incapacidad de su padre y su mal humor, Wells lo amaba. Vio una “vena de poesía silenciosa” en él, que cuando era joven, le gustaba permanecer al aire libre en medio de las noches de verano simplemente mirando las estrellas.

Su madre trata de inculcar sus creencias religiosas en la mente de su hijo pero fracasó en gran medida. Llegó a pensar en Dios como “un viejo chivato… con un ojo que todo lo que veía.” Sin embargo, las imágenes del Infierno en uno de los libros de la familia le afectaron mucho, y la opinión de su madre sobre el Juicio Final y la Nueva Jerusalén se convirtieron en elementos claves de su ciencia-ficción y sus novelas utópicas. De su padre, Wells heredó su rica imaginación. Cuando tenía siete años de edad, se rompió una pierna en un accidente y estuvo en la cama durante varias semanas. El interludio se convirtió en un festín de lectura de libros de toda clase, bien de préstamo de la librería, bien enviados por los vecinos. A Wells le encantaban los hechos exóticos: cuentos de extraños países, animales curiosos y grandes batallas. Su imaginación fue incendiada por un viejo atlas que mostraba grandes regiones inexploradas. Sus temores causados por un gorila le hacían soñar que le perseguía por toda la casa. De los dibujos políticos de la revista Punch, obtuvo sus primeras ideas sobre política y asuntos internacionales.

Su madre tenía un sentido exacto de la posición social de la familia en el extremo inferior de la clase media baja y combinaba “la deferencia del sirviente con una respetabilidad celosamente guardada por encima del vulgo.” Ello le hizo escoger para sus hijos una academia privada, la llamada Academia Bromley en vez de la más proletaria escuela elemental “nacional”. Wells, como Charles Dickens, escribió amargamente sobre el fraudulento sistema escolar privado de la era victoriana. Satirizó su propia educación en el retrato de Mr. Woodrow’s Cavendish Academy en su novela Kipps (1905).

Los recuerdos que le quedaron a Kipps en su vida posterior era de un ambiente de mala ventilación y desorden mental, incluso un sinnúmero de formas de sentarse aburridas y ociosas, de manchas de tinta… de las superficies pegajosas de las pizarras… de ser obligado a mantenerse de pie por mala conducta imaginaria y sin motivo alguno… El señor Woodrow se sentaba inánime en su escritorio, haciendo caso omiso de los asuntos de la escuela, mirando las cosas que estaban en frente de él sin verlas. A veces su rostro parecía completamente estúpido; a veces tenía una expresión de asombro fija, como si viera ante sus ojos con una claridad despiadada la deshonra y maldad de su ser.
(Kipps, Cap. 1)

Fuera de la escuela, su imaginación se expandió. En sus solitarios paseos, imaginó fantasías bélicas, estimulado por la lectura de Chicos de Inglaterra, uno de los primeros comics. En su autobiografía (1934) recordó como era “un niño pequeño y bastante desnutrido, vestido mezquinamente y silbando detestablemente entre los dientes.” “Los transeúntes no podían imaginar que el staff militar caracoleaba montados en sus caballos detrás de mi… apuntar los cañones y abrir fuego sobre aquellas casas de allí abajo… Reyes y Presidentes y los grandes de la tierra acudían a mí presencia para saludarme y agradecerme mi sabiduría.” Wells escribió una historia ilustrada llamada The Desert Daisy en la misma línea. Estos sueños violentos se convirtieron en parte de su educación.

La vida se volvió más difícil para la familia Wells cuando en 1877 el padre se rompió una pierna cuando Joseph se rompió una pierna en el patio trasero, poniendo de este modo punto final al criquet y a los ingresos que éste suministraba. Durante dos años, Sara peleó. Después, la familia se separó. De repente, en 1880, Sara volvió a Uppark como ama de llaves, contratada por Frances Fetherstonhaugh, la cual había heredado la mansión. Su hijo Herbert, que entonces contaba con catorce años, fue enviado, siguiendo los pasos de sus hermanos, al comercio textil como ayudante de dependiente.

“Casi tan incuestionable como su creencia en Nuestro Padre… fue su creencia en los comerciantes de telas,” escribió Wells sobre su madre. “Vestir una chaqueta negra y una corbata y estar detrás de un mostrador era la mejor de las posibles metas alcanzables por un hombre… de nuestro nivel social.” Como un aprendiz viviendo en una respetable tienda en Windsor, Wells trabajaba 13 horas al día, seis días a la semana. Dormía en un dormitorio de mala muerte y comía en un comedor bajo el nivel del suelo. Wells detestaba su trabajo. Lo que para Dickens fueron las humillaciones del trabajo en una fábrica, para Wells fue la vida de tendero.

“No es un comercio particularmente honesto o útil… No hay libertad ni ocio – de las 7 a las 8,30 todos los días de la semana, ¿no deja mucho tiempo para vivir, ¿no? – los trabajadores de verdad se reían de nosotros y los tipos de verdad como los cajeros de los bancos y los empleados de la justicia nos miraban de arriba abajo. Parecías respetable afuera, pero dentro te empacaban en dormitorios como si fuéramos convictos, nos alimentaban con pan y mantequilla y éramos intimidados como esclavos. Eras superior lo justo para que no te sintieras superior… Así eran las tiendas de telas… Éramos demasiado bien educados como para rebelarnos. Nuestras ajadas chaquetas eran nuestras esposas.
(The Wheels of Chance, cap. 26, 1896)

“¿Quiénes son ellos para conseguir tiendas propias? ¡No son importantes! ¡Como un tendero de comercio va a ahorrar quinientas libras alguna vez! Te digo que no puede ser cierto. Te digo que estamos en una bendita tubería de desagüe y tendremos que arrastrarnos por ella hasta que muramos…
(Kipps, cap. 2)

Su único placer en Windsor era escapar los domingos a la cercana Surly Hall, una posada cercana al río (la Posada de Potwell en Mr. Polly) explotada por su tío suyo. Allí remaba en el río y cantaba canciones con sus dos primas mayores, y allí fue donde leyó las primeras novelas de Dickens, que tuvieron bastante influencia en su propia obra. De vuelta a la tienda, Wells soñaba despierto: “Varios jinetes con un mensaje cabalgaban a lo largo de la línea del frente esquivando al encargado de la tienda: ‘¿Está el general Bert Wells aquí? Los prusianos han llegado…” Se produjo un escándalo sobre sus cuentas que él llevaba con indiferencia y se le pidió que abandonara el trabajo.

Se refugió en Uppark con su madre en las dependencias de la servidumbre “escaleras abajo.” Las semanas que pasó en Uppark le impresionaron profundamente. En Tono Bungay (1909) nos presenta el retrato de Bladesover House, una sorprendente versión de la vida en Uppark tal como él la conoció, con un agudo sentimiento de la muerte y decadencia del orden social vertical “arriba-abajo” de las viejas mansiones victorianas campestres, donde las filas de servidores esperaban las órdenes de “su Lady… locuaces pero acongojados… una cosa vestida de seda negra con una cadena de oro.” Pero posteriormente llegó a admirar ciertos aspectos de la vida de la pequeña nobleza rural:

“Dentro de esos hogares, detrás de una pantalla de un parque repleto de ciervos y de servidumbre, los hombres podían hablar, pensar y escribir a placer… De estas casas surgió la Royal Society, los primeros museos y laboratorios y las primeras colecciones de arte, la educación gentil, la buena escritura y casi todo lo que tiene algún valor en la civilización actual.”
(Experimento de autobiografía, Vol 1, Cap. 3, 1934)

Wells vino a concebir la vida de la élite cultivada y pensadora como un ideal en sus visiones utópicas.

Durante el interludio de 1880-81 y sus posteriores visitas, tuvo la oportunidad de leer libros que tomó prestados de la biblioteca de la familia Fetherstonhaugh y que le influenciaron durante toda su vida: Los derechos del hombre, de Tom Paine, Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift y La República, de Platón. Las ideas expresadas en estos libros eran sorprendentes: “Aquí estaba la sorprendente sugerencia de que todo el tejido de la ley, la costumbre y el culto... puede ser echado en el crisol y rehecho de nuevo.” En un ático cercano a su dormitorio, encontró un telescopio olvidado con el cual “en las heladas pero maravillosas noches… hice mis primeros contactos con el cielo estrellado en un estado de exaltación… que yo me creí ser Galileo redivido.”

En enero de 1881 Wells inició otro comienzo en la vida como aprendiz de farmacia en la cercana Midhurst. Como entonces se consideraba necesario el conocimiento del latín en esta actividad, tomó lecciones privadas de Horace Byatt en esta materia, quien era director de la recientemente reformada Escuela Secundaria de la localidad. Wells asombró a su profesor con la rápida absorción de las ideas. Pero su felicidad duró poco: su madre no pudo pagar durante más tiempo las tarifas del farmacéutico. En mayo, siguiendo los deseos de su madre, comenzó de nuevo como ayudante de dependiente de comercio de telas en un emporio en Southsea, Hampshire. Durante dos años tuvo que soportar la miseria, “lo peor de todo, las interminables horas,” los gritos de “Wells, continúa con eso”, “Wells, no se retrase”. Patéticamente, Wells trató el autoaprendizaje estudiando enciclopedias populares y escribiendo respuestas a las preguntas que él mismo se formulaba, como “¿Qué es la materia?” o “¿Qué es el espacio?”.

Finalmente se rebeló contra “esta mierda de vida” al llegar cerca del colapso. En 1883 le pidió a Byatt un puesto de auxiliar de maestro en su escuela. Cuando su madre se resistió a sus planes, él huyó del Emporio y caminó hasta Uppark donde apareció dramáticamente en el camino campestre que usaban los sirvientes para volver de la Iglesia. Ya en su habitación, su madre y él pelearon amargamente, pero su madre le permitió abandonar la tienda de telas. De esta experiencia, obtuvo un principio rector: “Si la vida no es suficientemente buena para ti, cámbiala; nunca soportes un estilo de vida triste y monótono.”

Wells se convirtió en asistente del director en Midhurst School, donde trabajó duramente, clavando en la pared de su cuarto un esquema o programa de aprendizaje para los siguientes años, tal como hizo su personaje Mr. Lewisham. Durante el día enseñaba a adolescentes bajo la guía de Byatt. Durante la noche, se sentaba junto a su maestro preparándose para los exámenes del Ministerio de Ciencia y Arte, un departamento ministerial establecido en 1851 para estimular los estudios científicos. Cada materia aprobada era recompensada con dinero a los profesores, y con codiciados certificados a los alumnos. Tan bueno fue Wells en los exámenes de 1884 que recibió “un maravilloso documento azul” que le ofrecía como recompensa una beca para estudiar en la Escuela Normal de Ciencias, en South Kessington, Londres. “Gloria in excelsis mei,” escribió Wells a su hermano Fred. “Ahora me había convertido en una persona respetable, sagrada, con derecho a usar un bonete y una toga y considerarme como un estudiante de la Universidad de Londres.
HG Wells, en la cumbre de su temprana fama, cuando La Guerra de los mundos apareció en 1898.
Los padres de Wells, Sara y José, eran sirvientes en la era victoriana convertidos en tenderos.
La calle principal de Bromley en 1905: Atlas House estaba a la izquierda donde está Medhurst.
Wells como alumno destacado en 1876, con diez años de edad.
Wells describe la monotonía de su propia escuela privada en su retrato de la Academia Cavendish en Kipps.
Dibujos de Punch como este de Sir John Tenniel mostrando Disraeli y la Reina Victoria dio a Wells sus primeras ideas sobre el mundo político.
Un dibujo de Wells de la escena de una batalla sangrienta en la historia fantástica “The Desert Daisy”.
Sara Wells usó esta habitación cuando se convirtió en ama de llaves en Uppark en 1880.
El ala oeste de Uppark House
Midhurst Grammar School en Sussex, poco después de que Wells la abandonara. Su director, Horace Byatt, está sentado en el medio.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Los acorazados terrestres de Wells

Se dice, y en parte es cierto, que HG Wells imaginó los tanques. Y en gran parte es cierto. Pero, ¿que imaginó exactamene y en que se basó?

En los más primitivos tiempos se inventó la rueda. La rueda reduce el coste energético del transporte. Una mula puede transportar, a lo mejor, 100 kilos en su lomo durante unos 10 kilómetros diarios. En un carro quizás pueda arrastrar 300 kilos a 30 km diarios.

Durante milenios, la rueda no sufrió ninguna alteración. Probablemente todo el mundo durante generaciones pensara que era inmejorable. Pero la rueda se atascaba en el barro, la nieve y el hielo. A lo largo del siglo XIX hubo intentos de crear algo que sustituyera a la rueda y que fuera apto para todos los terrenos.

En la Edad de Piedra, el hombre primitivo creó megalitos, enormes piedras alargadas puestas de pie. Se supone que las piedras, para su transporte, eran subidas sobre varios troncos de árboles tendidos sobre el suelo. El megalito era arrastrado por esclavos o caballerías, y el tronco que salía por detrás, era puesto delante por esclavos. Se creó así un sistema de tracción continuo y sin fin. Se supone que este sistema es el antecesor de las orugas de tracción, llamado en inglés continuous track. Era como si el camino se desplaza junto con el megalito.

Entre 1770 y finales del siglo XIX hubo varios inventores que se adjudicaron la creación de un sistema de tracción continuo por cadenas u orugas. En 1770 un tal Richard Lowell Egdeworth se apuntó el mérito de ser el primero en crear algo similar. Pero no debió tener mucho éxito, porque en la década de los 1830, un matemático e inventor polaco llamado Józef Maria Hoene-Wroński se adjudicó el mérito de concebir la idea. En 1826 un matemático inglés llamado Sir George Cayley patentó una oruga continúa, a la que llamó "universal railway", algo así como "vía férrea universal" (The Mechanic's Magazine, 28 January 1826).  En 1837, un inventor ruso llamado Dimitri Zagryazhsky, patentó un invento similar, pero fue incapaz de crear un prototipo, y la patente caducó dos años después. Hasta ahora, mucho dibujo sobre el papel pero nada más. Durante la guerra de Crimea se escribió sobre tractores impulsados por vapor usando el mecanismo de orugas. En 1846, el ingeniero británico James Boydell resgistró una patente de una "rueda de vía férrea sin fin" (endless railway wheel).

En 1877, el ruso Fiodor Blinov diseñó un vehículo para caminos llamado "carromato movido por raíles sin fin." Pero era arrastrado por fuerza animal. El diseño se puede ver aquí. Es de suponer que no debía de atascarse tanto en lodazales. Entre 1881-88, el mismo Blinov creó el perimer vehículo auropropulsado sobre orugas. El vapor era el elemento de propulsión. Este vehículo fue exhibido y probado en una exposición agrícola en 1896. Se puede ver aquí un documento en ruso pero con dibujos del vehículo.

Un inventor estadounidense llamado Henery T. Stith desarrolló un prototipo de un vehículo movido por orugas que fue patentado con varias modificaciones en 1873, 1880 y 1890.

Con la llegada del siglo XX aumentó el interés sobre el tema. Alvin Orlando Lombard, para la firma Lombard Steam Log Hauler (algo así como el arrastrador de troncos a vapor Lombard) creó el primer vehículo autopropulsado y movido por cadenas u orugas y que logró venderlo a nivel comercial. Logró construir y vender 83 de sus máquinas entre 1901 y 1917. Con la apariencia de una locomotora, llevaba como sistema de tracción las orugas atrás y un par de skies en la parte delantera, como se puede ver en esta web. Este invento partía de una concepción básica errónea. Cuando el vehículo iba cuesta abajo, los esquis de la parte frontal aceleraban la máquina. Para eso se inventaron los esquís, para acelerar la marcha cuesta abajo sobre nieve. Para evitar esto, se ponía paja de heno sobre la pista, pero muchas veces los ciervos se la comían antes de que la máquina pasara. Los esquis eran giratorios, por lo que un miembro de la tripulación (eran en total cuatro) debía ir delante montado sobre los esquís para girarlos mediante una rueda en una dirección u otra. Con cuarenta bajo cero en ocasiones, ir delante expuesto al viento convertía al timonel (por llamarlo de alguna manera) en un héroe. En ocasiones acababa ardiendo pues, a pocos centímetros de él, estaba la caldera de la que saltaban muchas chispas. Sin embargo, la Lombard era imbatible en los terrenos llanos y tenía una gran capacidad de propulsión y arrastre, como podemos ver aquí. En algunas ocasiones se protegía al timonel de las chispas construyéndole una cabina, como se puede ver en dos de las fotos.

El parecido entre la Lombard y una locomotora a vapor se puede ver aquí. En la primera de las fotos se puede ver una locomotora a vapor con las tres ruedas motrices encuadradas por un rectángulo rojo. Como vemos, hay otras ruedas más pequeñas pero que no son de tracción, sino para mantener la estabilidad de la máquina. Con estas tres ruedas motices por cada lado, era suficente para la tracción sobre los raíles. La Lombard tenía un concepto similar. Las ruedas motrices fueron sustituidas por orugas pero del mismo tamaño, y para mantener la estabilidad de la máquina, se añadieron delante dos esquís giratorios. Si se hubiesen alargado las cadenas u orugas hasta la cabeza de la máquina, y se hubiese dado la capacidad de giro a las orugas, como en los tanques y en las máquinas de obras públicas modernas, y no al par de esquís, el diseño hubiese sido genial. Pero muchas veces los inventores se dejan llevar por ideas preexistentes, y la concepción de una máquina de vapor para arrastrar troncos pesó demasiado en el ánimo del inventor al diseñar la máquina.

El texto donde HG Wells inventa los tanques se llama The Land Ironclads. Imagino que nunca se habrá traducido al español. Apareció en diciembre de 1903. Hemos visto que habían diseños sobre el papel de orugas o cadenas de tracción del ruso Blinov. Pero Wells, increíblemente, se decantó por otro medio de locomoción llamado pedrail wheel, que en castellano vendría a ser algo así como "rueda con pies". Parece un invento de chiste o de cómic, algo así como los locos inventos del doctor Bacterio. Sin embargo, estas ruedas con pies fueron usadas durante la primera guerra mundial, como por ejemplo, en el cañón Gran Berta, un supercañón usado por los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Esta rueda con pies fue inventada por un tal Bramah Joseph Diplock en 1903 y una locomotora con propósitos agrícolas en 1904. Como vemos, la Lombard es anterior por sólo tres años.

¿Que imaginó Wells exactamente? Como vemos, tanto la Lombard como la Diplock estaban destinadas sólo al sector agropecuario como vehículo tractor. Wells publicó su The land Ironclads (Los acorazados terrestres) en dicembre de 1903, cuando Diplock ya había inventado sus "ruedas con pies" pero aún no había inventado su tractor agrícola. Seguramente Wells debió leer un artículo en alguna revista sobre dichas ruedas e imaginó un vehículo acorazado terrestre con cañones. Esto es lo que describió en su The Land Ironclads. Este mismo relato corto de Wells fue publicado por primera vez en la Strand Magazine, como ya he dicho, en su número de diciembre de 1903. Es posible que en esta o en otra revista, Wells leyera un artículo sobre la Diplock. Y probablemente Wells nunca tuviera información de la Lombard hasta después de 1903.

Los tanques, por supuesto, fueron un éxito, pero sobre orugas, no sobre ruedas con pies.Y Wells fue el primero en imaginar un cañón montado sobre un vehículo acorazado terrestre con amplia movilidad sobre el terreno.

jueves, 13 de septiembre de 2012

La Maquina del Tiempo y El Ultimo Hombre

Capítulo XI de la Máquina del Tiempo, página 50 y ss. de Project Gutenberg.


El Viajero del Tiempo, después de sus aventuras con los Eloy y los Morlock, viaja "miles de millones de días" hacia el futuro. Su intención es averiguar que pasa con el planeta tierra en el futuro. Cuando se da cuenta de que la sucesión de días y noches se ha detenido, para su máquina del tiempo. Se encuentra en una playa, el Sol no se ve entero, sólo se ve un resplandor por el sureste, pero el Sol es ahora más grande y de color rojo. Curiosamente, esta descripción del Sol como más grande, más luminoso y de color rojo es compatible con la evolución del Sol, que cuando pase 5 ó 6 mil millones de años, se convertirá en una estrella gigante roja, y que cuando complete el ciclo, absorverá a Venus y Marte y, quizás, a la Tierra. Pero antes se formará una subgigante. Ignoro si en los tiempos de Wells se conocía la evolución solar o no, pero es difícil creer que sucediera así.

 El Viajero del Tiempo se pone sentado encima de su Máquina para otear el horizonte. En dirección contraria al sureste (noroeste) el cielo está siempre negro como la tinta china y se ven las estrellas incluso de día. Las rocas alrededor de la playa eran de un "color áspero rojizo" y el único vestigio de vida que pudo ver al principio era la vegetación de color verde intenso que cubría cada lugar que miraba en dirección sudeste: "Era el mismo verde fuerte que uno ve en el musgo de los bosques o en el líquen de las cuevas.: las plantas que, al igual que éstas, crecen en un perpetuo crepúsculo."

A lo lejos, por la ladera desolada, oí un grito áspero y vi una mariposa blanca enorme revoloteando por el cielo, dando vueltas y desaparecer sobre unas lomas bajas más allá. El soniodo de su voz eran tan deprimente que me estremecí y me senté más firmemente en mi máquina. Mirando a  mi alrededor vi, que lo que había tomado por una masa de rocas rojizas, se movía hacia mi. Entonces vi que la cosa era realmente una criatura monstruosa con forma de cangrejo. ¿Puedes imaginar un cangrejo tan grande como una mesa, con sus muchas patas moviéndose lenta y vacilante, sus grandes garras balanceándose, sus largas antenas como látigos de carreteros, moviéndose balanceándose y sus brillantes ojos amenazadores acechándote uno a cada lado de su metálica frente...

Al mismo tiempo en que me quedé mirando fijamente tan siniestra aparición arrastrándose hacia mi, sentí un cosquilleo en mi mejilla como si una mosca me incordiara. Traté de quitarmela con la mano, pero en un momento volvió y casi imediatamente senti otra en mo oreja. Me golpeé otra vez y agarré algo filiforme con la mano. Se escapó algo rápidamente de mi mano. Con un espantoso escrúpulo me volví y vi que había cogido la antena de otro monstruoso cangrejo que estaba justo detrás de mi. Sus ojos malignos se retorcían en sus tallos, su boca estaba viva con apetito y sus enormes patas torpes, untadas del limo de las algas, descendían sobre mí. En un momento mi mano estaba sobre la palanca y puse un mes de distancia entre yo y los monstruos.

Dos observaciones:

  • Eso de sentir algo como una mosca molesta en tu cuello o tu mejilla y cogerlo con la mano y volverte y ver algo feo o monstruoso, ¿donde lo he visto antes? ¿En alguna película? ¿En una de la serie de Indiana Jones? ¿Cuanto debe el cine a HG Wells?
  • Eso de los monstruos cuyo origen es algún insecto o bicho pequeño que normalmente no asusta pero son agrandados por la imaginación del autor, ¿en qué película lo he visto? Primero creí que fue en la película Hace un millón de años (1966), pero me equivoqué. La escena de la pelea en la playa no fue con un monstruoso cangrejo, sino con una pacífica y tranquila tortuga convertida en monstruo por su tamaño gigantesco. La película que si contienbe una escena de pelea en una playa con un cangrejo gigante fue La isla misteriosa. Pero este nombre me suena de algo: ¿No es una novela de Julio Verne? Enseguida me viene a la cabeza una idea: ¿Copió Wells a Verne? Enseguida busco información de la novela y encuentro en Wikipedia un resumen que no menciona a ningún cangrejo gigante. Así que Wells no copió los cangrejos gigantes de nadie sino que más bien, los cangrejos de La isla misteriosa (película) parecen copiados de La máquina del tiempo. Información sobre el artista que fabricó este cangrejo gigante para la película, aquí.
Curiosamente, en la película La máquina del tiempo de 1960 el guionista cambió, entre otras muchas cosas, el final. Ya no hay un viaje hasta la desaparición de la Tierra, sino una vuelta a 1898, donde el Viajero del Tiempo cuenta su historia a sus amigos, y vuelve al año 802.701 para enseñar a los Eloi y a su amada Weena a leer y a recuperar la civilización humana.

¿Que tiene que ver todo lo anterior con el título de esta entrada? ¿Qué es el último hombre?

Mary Shelley, autora de Frankenstein o el último Prometeo, considerada por muchos la primera novela de ciencia-ficción, también escribió otra novela muchos años después, que también sería considerada por muchos como de ciencia-ficción. Esta novela, denominada The Last Man (El último hombre), nunca fue traducida al castellano, al menos que yo sepa.

La novela de Mary Shelley no sólo no fue muy popular, sino que fue muy criticada en su tiempo por su dureza. De hecho, desde su primera publicación en 1826, nunca fue publicada otra vez hasta ¡1965! (excepto una edición pirata que hubo en 1833 en los Estados Unidos).

Dejando aparte el tema de si esta segunda novela supuestamente de ciencia-ficción de Mary Shelley lo es realmente o no, lo que si es cierto es que es la primera vovela catastrofista de la historia de la humanidad. Parece ser que hay un poema muy anterior de un francés llamado Nosecuantos Grainville con el mismo tema. Es un tema muy bonito para desarrollar si alguien está interesado.

La segunda novela apocalíptica (y también de ciencia-ficción) fue publicada en 1839 por Edgar Allan Poe bajo el nombre La conversación entre Eiros y Charmion. Se trata de la discusión entre dos espíritus sobre la destrucción del mundo por un cometa que pasó cerca de la Tierra y se llevó consigo todo el nitrógeno de nuestro planeta dejando sólo el oxígeno.

La tercera novela de ficción apocalíptica fue After London (1885), de Richard Jeffries. En los primeros capítulos se describe como después de que una catástrofe sin definir que ha despoblado Inglaterra, la naturaleza se apodera de los campos de cultivo y de las ciudades, los animales domésticos se vuelven salvajes, Londres vuelve a convertirse en un lago pantanoso y venenoso y los escasos supervivientes vuelven a un estilo de vida medieval. Como no está definida la catástrofe, no puede ser considerada de ciencia-ficción.


La cuarta novela apocalíptica (que también es de ciencia-ficción) es La máquina del tiempo (1895), de HG Wells. Es apocalíptica porque al final de la novela, el protagonista viaja hacia adelante en el tiempo hasta que la Tierra muere bajo un sol hinchado y rojo.


La quinta y última novela apocalíptica del siglo XIX fue La guerra de los mundos (1898), también de HG Wells y también de ciencia-ficción. La humanidad está a punto de desaparecer a manos de los marcianos y es salvada, en última instancia, por la actuación de seres patógenos a los que la humanidad en resistente.

Ya en el siglo XX el género cae en desuso durante cuarenta años hasta que Stephen Vincent Bennet (1898-1943) publicó By the Waters of Babylone, novela en la que un hombre joven explora el nordeste de los Estados Unidos y encuentra los restos de una ciudad, posiblemente Nueva York, varias generaciones después de que una guerra en la que armas nuevas hubieran causado el “Great Burning,” algo así como el Gran Fuego o el Gran Calentamiento. Quizás esta sea la fuente de inspiración de la última escena de la película El planeta de los simios de 1968, que no de la novela, ya que la acción de esta última se produce en otro planeta - el planeta inventado Soror, que gira alrededor de Beltegeuse (una estrella de verdad), una estrella supergigante roja (no confundir con la gigante roja de principios de esta entrada). Es más conocido el hecho de que en la película del mismo título, los astronautas no regresan a la Tierra, que es en verdad el planeta de los simios, cosa que el espectador descubre sólo al final de la película.

Después de la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, como ya hemos dicho, renació el tema bajo la amenaza de las armas nucleares y de una tercera guerra mundial.  

¿Qué había cambiado entre 1826 y 1965? La sociedad, por supuesto. Las explosiones atómicas de Hirosima y Nagasaki cambiaron muchas cosas, pero entre ellas dió un impulso desconocido hasta entonces a la literatura y el cine catastrofista (que generalmente es también de ciencia-ficción). I am a legend (Soy una leyenda) de Richard Matheson y El último hombre sobre la Tierra (y su secuela, The Omega Man) son un buen ejemplo de ello. La última versión de este tema es la película Soy leyenda, protagonizada por Will Smith (2007).

De alguna manera, HG Wells rinde tributo a Mary Shelley, aunque desconozco si leyó la novela o tuvo alguna referencia indirecta de ella. El Viajero del Tiempo se convierte en el último honbre sobre la faz de la Tierra, aunque un último hombre reversible, ya que vuelve a su tiempo para narrar sus aventuras a sus amigos.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El Planeta de los Simios

Estoy tratando de escribir un libro sobre los orígenes de la ciencia-ficción, desde Mary Shelley, autora de Frankenstein hasta HG Wells, autor de para mi, la primera verdadera novela de ciencia-ficción: La Máquina del Tiempo.

El resultado de lo que he escrito hasta ahora es un poco raro y me gusta a medias. Me gusta el contenido pero no el estilo literario. Pero no puedo hacer nada. Con 53 años, no creo que me convierta en un autor literario.

La búsqueda de contenido me ha llevado a reflexionar sobre los parecidos (o no) entre El Planeta de los Simios y La Máquina del Tiempo. Sin embargo, al hablar de estos dos hitos de la ciencia-ficción, tengo un problema. De las dos novelas se han filmado dos adaptaciones cinematográficas. Y ninguna de las dos es exactamente igual a su novela correspondiente. Hay notables diferencias. Del planeta de los simios hay tres películas diferentes, pero la única que conozco es la de 1968, dirigida por Franklin Schaffner e interpretada por Charlton Heston en el papel principal.

Para no liar demasiado al lector, voy a explicar un poco el tema por encima tratando de hablar sólo de lo común entre cada novela y su correspondiente adapatación cinematográfica.

Recordemos que en la novela de HG Wells de 1895, un Viajero del Tiempo (el autor no le pone nombre) viaja hasta el año 802.701 y se encuentra la raza humana escindida en dos: los Eloi, bellos y estúpidos, y los Morlock, malvados y caníbales. Las dos especies humanas son unos caminos erróneos de la Ley de la Evolución, que todos sabemos que nació con Darwin.

Por supuesto que los científicos actuales no creen que la evolución tenga caminos equivocados: sencillamente la especie que no se adapta a los cambios en el entorno, desaparecen. Pero no vamos a entrar en ese tema.

En el Planeta de los Simios (tanto en la novela de Pierre Boulle como en la película de 1968), el protagonista llega a un planeta similar a la Tierra, y descubre que hay dos especies de primates: por un lado, los simios (gorilas, orangutanes y chimpancés), que son inteligentes; por el otro, los humanos, que se comportan como los simios en nuestro planeta.

Además, el parecido está incluso en la belleza de las coprotagonistas femeninas: Weena en la novela de Wells; Nova en El Planeta de los Simios. Muy bellas pero igualmente bobas. La principal diferencia es que Weena habla y Nova no.

También hay una similitud más entre ambas novelas: ambas son distópicas.

Y otra similitud: en El plantea de los simios, también hay una máquina del tiempo. En este caso es la propia nave interestelar. Según la Teoría de la Relatividad de Einstein, si un astronauta se embarca en una nave  y viaja a una velocidad cercana a la de la luz durante un lapso de tiempo, cuando vuelva a la Tierra, habrá pasado por él menos tiempo que en nuestro planeta. Este es un efecto bastante conocido y usado por las novelas y películas de ciencia-ficción. De este modo, los astronautas viajan en el tiempo hacia el futuro.

Los humanos de El planeta de los simios son muy similares a los Eloi de La máquina del tiempo: bobos y estúpidos. Es de suponer que la novela del francés Pierre Boulle esté inspirada, en algún grado, en la novela de HG Wells.

jueves, 23 de agosto de 2012

Los arios, según Wells

Bartebly: Los primitivos arios.

HG Wells: una vida política 1

La primera declaración pública de Wells sobre sus puntos de vista políticos se produjo en una reunión de la Sociedad de Debate el 15 de octubre de 1886, donde presentó una ponencia Titulada "Socialismo democrático". Entonces Wells tenía 20 años recién cumplidos y estudiaba Biología en la Escuela Normal de Ciencia. Para Wells, el socialismo significaba "la unión de los hombres con el propósito de la felicidad común." ["Sociedad de Debates de la Escuela Normal de Ciencia y la Real Escuela de Minas." Cuadernos de Ciencia de la Escuela 1 (1886): 23-25], y esta causa común se lograría con "la fusión del individuo con el Estado" [Escuela Normal, 24]. En términos prácticos, Wells sugirió que "el Estado produce y el individuo consume" y de este modo, "el supremo gobierno del país sería el Consejo de los director-gerentes de los tres Departamentos del Estado -- Producción, Distribución y Defensa" -- [Escuela Normal, 24].

Concluyó esta declaración afirmando:

Sólo he tratado, a mi manera, decir algo sobre un orden social más equitativo, lo que implica, para  la mayoría, vivir con mucha más holgura económica y una pequeña disminución de un poco de cada cosa para las clases superiores
Aunque Wells no define aquí lo que considera como "clases superiores", aclaró su contenido el 11 de enero de 1889 cuando se dirigió otra vez a la Sociedad de Debate sobre el tema del socialismo. Wells empezó este segundo trabajo declarando que la abolición de la "herencia y la propiedad que no sea resultado del propio trabajo" era "el objeto de la nueva e ilustrada clase de los Socialistas". Después anunció que "El socialismo de Marx... es algo nuevo basado en el Darwinismo y, por lo tanto, fundamentalmente diferente del socialismo utópico de principios del siglo XIX ["Mr H. G. Wells on Socialism", 153]. Al definir que entiende él por Marxismo, Wells atacó al Fabianismo: "La Expropiación del individuo, defendida por los fabianos y Mr. Besant y (en menor grado) por Mr Bernard Shaw, fue denunciada como Comunismo", mientras "el Socialismo Científico busca la igualdad de oportunidades ... mientras que el acientífico Socialismo de los Fabianos aspira a la igualdad de la condición." [Mr H. G. Wells... 153] Se apartó aún más del socialismo ortodoxo "al afirmar su aceptación y bienvenida de las teorías del doctor Malthus al hacer alusión al desaliento de lo que se conoce en algunos círculos como los controles voluntarios. Lo que se llama exceso de población y desencadena la competencia por conseguir alimentos, se le puede considerar como la sal que preserva a los cuerpos orgánicos de la descomposición." [Mr H. G. Wells... 153-54].

Pienso que todo el mundo tiene una idea más o menos certera sobre el marxismo: lucha de clases, la producción se obtiene únicamente del trabajo humano, ya que los bienes de capital (edificos, maquinarias, medios de transporte, etc.) también son producidos por el trabajo humano, luego los capitalistas, al quedarse con los beneficios, se apropian de una parte de la producción que también, legítimamente, corresponde de los trabajadores; ya que toda la producción es producida, bien directa, bien indirectamente, por el trabajo humano, todo lo producido debe ser repartido entre los trabajadores. Pero de Thomas Robert Malthus se conoce principalmente su afirmación que, mientras la población, sin restricción de ninguna clase, crece en progresión geométrica (1,2,4,8,16,...), la producción de alimentos crece en progresión aritmética (1,3,5,7,9...). Como Malthus era clérigo, su solución a este problema debía ser planteado dentro del esquema de valores de la Iglesia Anglicana de su tiempo: abstinencia del matrimonio, matrimonio tardío, la contención sexual, etc. Si esto no se producía voluntariamente, la naturaleza iba a equilibrar la población con la producción de alimentos de forma violenta: hambrunas, mala alimentación, enfermedades, epidemias, peste, etc. En ocasiones, la sociedad también reduciría la población, ajustándola a la disponibilidad de alimentos, por medio de guerras (violencia institucionalizada) o la criminalidad asesina (violencia social no institucionalizada). Como vemos, Wells discrepó tanto del marxismo como del maltusianismo. Justo, en la época de Wells, empiezan a desarrollarse los primeros métodos anticonceptivos.

En suma, el primitivo socialismo de Wells busca la abolición de la barrera de clases. Wells desea la libre competencia entre individuos independientemente de su origen social. El papel del Estado en semejante sociedad debería regular los medios de "Producción, Distribución y Defensa" para establecer una competencia meritocrática. Como un Darwinista que acepta la teoría de la población de Malthus, Wells rechazó el control de la población en la forma que el clérigo enunció. Él pensaba que una competencia biológica dentro de una sociedad meritocrática aumentaría la población de los capacitados, liderando la eliminación de los no competitivos. Al abogar por la abolición de la propiedad privada y la herencia, Wells quiso asegurarse que dicha eliminación no se dirigiría sólo a los pobres, sino que también condenaría a los inadaptables hijos de los ricos.

viernes, 27 de julio de 2012

Malditos seais todos, os lo dije

Traducción de este enlace:

Estoy mirando el programa de History Channel 'Profetas de la ciencia-ficción" y al final se menciona cuan disgustado estaba HG Wells en sus últimos meses, porque después de todas sus advertencias sobre los peligros de la tecnología y como nosotros - como humanos - tenemos que ser más cuidadosos, no hicimos caso y lanzamos la Bomba A y estamos construyendo más.

HG Wells, al final de su vida, amargado y enfadado, dijo que su epitafio debía ser "Malditos seais todos, os lo dije."

Esto me recuerda el personaje de Charlton Heston al final del Planeta de los Simios: "¡Vosotros, maniácos! ¡Lo hicisteis estallar! ¡Ah, malditos! ¡Que seais condenados al infierno!"

Las bombas nucleares son el genio de la botella que nunca debimos abrir.

Si hay alguna razón para ello, cada voto al Partido Republicano o al ala derecha cristiana, es para nuestro arsenal nuclear.

A la mierda todos aquellos que les encanta hablar sobre el mal de la homosexualidad - el mayor mal sobre la faz de este planeta son las armas nucleares y los capullos inhumanos que piensan que son una idea genial.

Ah, HG Wells, nunca escuchamos a nuestros profetas. Estoy sorprendido de que alguno de la extrema derecha no lo asesinara, como normalmente hacemos con nuestros profetas.


HG Wells no fue asesinado sino que murió de muerte natural. No fue enterrado sino cremado y sus cenizas fueron esparcidas por el mar al sur de Inglaterra. Por lo tanto, no existe ninguna lápida donde escribir su epitafio. Yo conocía el epitafio, pero desconocía las causas que le llevaron a escribirlo en vida. Ahora ya las se y las sabemos todos. 

HG Wells predijo las armas atómicas. Nadie le hizo caso. Las predijo con tanta antelación que nadie le creyó, salvo algunos científicos locos que sabían que era posible.

Wells vivió casi 80 años (le faltó un mes para cumplirlos) y, en una vida tan prolongada, pasó del tren a vapor a los coches, de la bicicleta (que fue inventada cuando ya era adulto) al avión, de la guerra franco-prusiana a cañonazos y trincheras a la guerra nuclear (por cierto, Wells también predijo la guerra aérea). Wells fue profeta pero esto sólo empezó a reconocerse una década después de su muerte, cuando empezó el boom de la literatura de ciencia-ficción en los EEUU y el Reino Unido.

sábado, 21 de julio de 2012

Wells y Love and Mr. Lewisham

HG Wells dejó retazos de su biografìa en varias de sus novelas. La más conocidas de ellas es Kipps, llevada al teatro (musical creo) como La mitad de seis peniques. Kipps ha sido traducida a muchos idiomas, incluìdo el castellano, por supuesto. Pero hay otra novela llamada Love and Mr. Lewisham que también tiene mucho de autobiográfico. La gran diferencia es que esta, que yo sepa, ho ha sido traducida al español, con lo que es una gran desconocida para los seguidores hispanohablantes de Wells. Yo me he propuesto traducirla, pero advierto que yo hago firmes propósitos cada dos o tres días y al cabo de un tiempo me olvido de ellos.

De momento he traducido la primera página del primer capítulo, que es bien cortita. Aquí está en inglés y mi traducción es la siguiente:

"Este capítulo introductorio no se referiere al Amor—ya que determinados protagonistas no apareceràn hasta el tercero—y Mr. Lewisham es visto en sus estudios. Tenìa diez años y en aquellos días era asistente del profesor en el Colegio Propietario Whortley, Whortley, Sussex, y su paga era de cuarenta libras al año, de las cuales él tenìa que pagar quince chelines a la semana durante el curso para alojarse con Mrs. Munday, en una pequeña tienda en West Street. Le llamaban “Mr.” para distinguirlo de los chicos mayores, cuya tarea era aprender, y esta era una cuestión de estricta regulación, que los profesores debìan ser llamados 'Sr.'"

"Vestía ropas de confección, su chaqueta negra de línea rígida estaba siempre llena de polvo de tiza tanto en la parte delantera como en la mangas, su rostro era suave y su bigote incipiente. Èl era un joven de aspecto aceptable, de dieciocho años, rubio y con una innecesario par de lentes sobre su prominente nariz—las llevaba puestas para parecer mayor, que la disciplina debìa ser mantenida. En un momento particular, cuando esta historia comienza, estaba en su habitación. Era un ático, con tragaluces con estructura de plomo, techo inclinado y una pared abombada cubierta de papel pintado anticuado con numerosas rasgaduras e innumerables estratos de flores."

"Para juzgar el pensamiento de Mr. Lewisham por su habitación, poco tenìa que ver con el Amor y si mucho con la Grandeza. Por ejemplo, encima del cabecero de su cama, donde la buena gente cuelga textos, él había escrito los suyos de forma clara, con mano firme, juvenil y florida:– “El conocimiento es poder” y “Lo que el hombre ha hecho, el hombre puede hacer,”–donde el hombre en la segunda frase se refiere a Mr. Lewisham. Ni por un momento estas cosas deben olvidarse. El señor Lewisham podía verlas de nuevo todas las mañanas tan cierto como que su cabeza pasaba a través del cuello de su camiseta. Y encima de la caja pintada de amarillo que le servía de mueble biblioteca a falta de estanterìas, había un “Schema”. En dicho esquema se señalaba 1892 como el año en el que Mr. Lewisham se habìa propuesto obtener su grado B. A. en la Universidad de Londres con “honores en todas las materias,” y en 1895 sería la fecha de su medalla de homor. También habían panfletos de interés liberal y otras cosas debidamente fechadas. “Quién va a controlar a los demás, primero debe controlarse a sí mismo,” remarcaba la pared encima del lavamanos, y detrás de la puerta contra los pantalones del domingo, habìa un retrato de Carlyle."

En el capítulo cuarto de su Experimento en autobiografía (1934), el segundo párrafo del punto tercero empieza así

En una novela mía titulada El amor y Mr. Lewisham, que trata sobre un profesor de secundaria como lo fui yo, he descrito como clavaba en su pared un "Schema" donde había planificado hacer el mejor uso de su tiempo y sus oportunidades. Yo hice ese Schema, e incluso tuve la pedantería de llamarlo así, y no de llamarlo llanamente esquema. Cada momento del día tenía su tarea. No descansaba nunca cuando estaba despierto.

Aunque en los primeros meses se aloja con un compañero llamado Harris, enseguida consigue alojamiento con una señora Walton, a la que pagaba doce chelines a la semana, mientras que el señor Lewisham pagaba quince para alojarse con la señora Munday. No existe en Sussex una localidad llamada Whortley, aunque si existe una llamada así en Wesy Yorkshire. Lewisham tiene una letra clara, pero Wells la tenìa endemoniada. Liberal, en el mundo anglosajón, significa lo opuesto que en España: progresista. Thomas Carlyle era un liberal, un progresista. Escribió, entre otras obras, una Historia de la Revolución Francesa en 1837 que es, según Wikipedia, "un estudio histórico basado en la opresión de indigentes." Esto asemeja Lerwisham a Wells.

Veremos que sorpresas  nos trae la segunda página.

domingo, 17 de junio de 2012

HG Wells: Otro tipo de vida II

Books: Review - HG Wells: Another Kind of Life. By Michael Sherborne, en West and extra. Reseña de Emelyne Godfrey, historiadora y miembro de la HG Wells Society.

La nueva biografía de Michael Sherborne sobre HG Wells, una de las figuras más célebres, pero también más controvertida y que encandilan la historia literaria, es un ejemplo positivo  de cuan importante y atractiva es la historia de su vida.

Investigar la historia de Wells no es, ciertamente, una historia fácil. Ya hay una serie de biografías de este hombre absolutamente prolífico, el autor de innuberable novelas, cuentos, artículos y autor de unos dibujos a los que llamó "pischuas".

Sus primeras obras de ciencia-ficción, La Máquina del Tiempo y La Guerra de los Mundos entre otras, han perdurado. El propio musical de Jeff Wayne sobre La guerra de los mundos recientemente saltó del vinilo al escenario y atrae audiencias de todo el mundo. Justo cuando pensábamos que habíamos descubierto a Wells, Sherborne nos dice que hay más que aprender.

Wells resume la frase "self-made man". Nació en Bromley, Kent, en 1866, hijo de un comerciante y de un ama de casa sin éxito, las dificultades que él y su familia enfrentarían influiría en su creencia en el socialismo.

Después de probar suerte como maestro de escuela y asistente de mercería, Wells se ganó un lugar en la prestigiosa Escuela Normal de Ciencias para estudiar con T. H. Huxley y, al principiar la siguiente década, se convirtió un profesor universitario de ciencias (*).

La revelación de un affaire con una estudiante, que se convirtió en su segunda esposa, le costó su trabajo (**) pero le impulsaron a convertirse en escritor. Con sus primeras novelas, se convirtió en una celebridad internacional y trabó amistad con algunas celebridades, desde sir Arthur Conan Doyle a Charles Chaplin. Entonces se unió al Comité Ejecutivo de la Liga de las Naciones y charló con Theodore Roosevelt.

Sin embargo, los escándalos nunca estuvieron muy lejos. En 1909 causó furor cuando su novela Ann Veronica retrató a una joven mujer teniendo un affair con una mujer casada, una historia basada en su aventura amorosa en la vida real con Amber Reeves, la hija de unos ex compañeros fabianos.

Un mujeriego incorregible, la vida de Wells está llena de sobresaltos, como uno de los incidentes en que una de sus amantes se presentó desnuda y con una navaja de afeitar en sus habitaciones (***).

En efecto, si las hojas de su vida se asemejan a episodios de una telenovela moderna, sin embargo, otras escenas son una tentación para poner una almohada delante del televisor. Por ejemplo, Rebecca West (una autora inminente por derecho propio) juega el papel de una villana porque ella se lamenta de que no puede convertirse en la tercera señora Wells porque su devota esposa murió en el momento equivocado.

Los debates se Sherborne sobre varias cartas inéditas revelan otro momento incómodo, cuando le dice a la hija de Amber, Anna Jane, que es su padre y descaradamente desaprueba a su prometido.

Si bien es emocionalmente codicioso e intensamente obstinado, a Wells se le atribuye la predicción, entre otros fenómenos, de la guerra de tanques, de la Unión Europea e Internet.

Sherborne está dispuesto, sin duda, tanto los aspectos positivos como los negativos del caracter de Wells. Y añade que se siente como si estuvieramos en un pub con una pinta en la mano y comiendo unos chips de patata, en un debate amistoso y siempre con una sonrisa en la boca.

Wells se esforzó en hacer que su escritura estuviese al alcance de todos, tanto del empleado de mercería como del hombre de estado. Sherborne ha seguido este mismo espíritu.

Este trabajo es como la literatura histórica debe ser, con características emocionantes no sólo esbozados en pischuas, sino además adornados con trucos divertidos e incisivos de la pluma.

(*) En realidad, no dio nunca clases en una universidad. Fue profesor de una cadena privada de academias de estudios universitarios donde daba clases a los alumnos más torpes o vagos. Y eso antes de obtener su título universitario.

(**) En realidad no recuerdo si esto fue así. Lo cierto es que convivió con la que más tarde fue su segunda esposa estando aún casado con la primera.

(***) Este incidente, que fue conocido porque lo publicaron los diarios, a pesar de sus vanos intentos de que no fuese así, es el único conocido de este estilo. Esto hace pensar si su fama no le hizo granjearse numerosas aventuras amorosas esporádicas y ocasionales, además de sus varias amantes conocidas, y este fue el único caso conocido. Sobre este aspecto nunca se sabrá nada.

lunes, 28 de mayo de 2012

HG Wells: otro tipo de vida

Bomba sexual. Los tabloides de hoy hubieran masacrado a HG Wells, quien perseguía a las chicas como un toro rampante dejado en libertad en un establo para pasarselo bien.

La pasión dominó su vida. Hizo el amor en la playa, en los bosques, en las laderas, en la iglesia y una vez incluso en un periódico mientras mostraba el borrador de una de sus novelas. Imprudentemente soportó la ira de los hombres a los que puso los cuernos, sus amenazas legales y la exposición a la humillación pública de sus hazañas sexuales que, a menudo, se superpusieron durante un tiempo, pero sobre todo, ignoró con desdén.

No era un guapo Lotario, era más bien un hombrecillo regordete y demasiado sexual, con una voz chillona y un bigote caído. El chico malo del suburbano Bromley, conocido como Bertie, no era un seductor de mujeres mundanas, brillantes y valientes, como Amber Reeves y Rebeca West en busca de la emancipación y el amor libre.

Tuvo enfrentamientos ideológicos con muchos de sus contemporáneos, desde George Orwell y Henry James hasta Stalin y Churchill, y nunca renunció a cualquier desafío a sus puntos de vista sobre el socialismo y su convicción pionera en los derechos humanos y muchas otras cosas.

Sin embargo, cuando murió en 1946, era una figura obesa cojeando con un bastón alrededor de su casa de Hannover Terrace, St. John Woods, y murmurando para sí mismo que algún día escribiría un "libro de verdad".  Fue aclamado como un gran escritor, el padre de la ciencia-ficción al lado de Julio Verne y un profeta extraordinario, incluso hoy en día.

Y también declaró que lo único que podía salvar a la humanidad de la autodestrucción y de su egoísmo salvaje era un sólo gobierno mundial. 

"No veo a HG como muerto en absoluto, sino como si se hubiera ido a un país lejano", escribió uno de sus admiradores cuando Wells fue cremado en Golders Green. "Él está vivo para mí como siempre lo estuvo, su espíritu permanece para alentar a la humanidad a realizar un gran esfuerzo durante muchas generaciones."

Su imagen y su impacto permanece todavía hoy, por sus sorprendentes novelas y pequeñas historias que nos dio, como La máquina del tiempo, El hombre invisible. La historia de Mr Polly, Tono-Bungay, La isla del doctor Moreau y la muy filmada Guerra de los Mundos, que terminó con la derrota de los aliens en Pimrose Hill.

Era un área que conoció bien, ya que una vez vivió en Fitzroy Road, primero como desempleado, después como recién casado.

Wells siempre alentó nuevas fronteras, con sus ideas audaces que abarcan dos siglos, en los que la condena de la muerte en masa, la guerra y la enfermedad corrieron paralelos con el avance de las maravillas científicas que nadie, excepto quizás el maravilloso prolífico Wells, pensó posibles.

En muchos aspectos, Wells comenzó en 1894, en un departamento de dos habitaciones en el número 12 de Mornington Road (ahora Mornington Terrace), Camden Town, donde Wells se había deshecho de su primera esposa y vivía en adulterio con Jane, su futura segunda esposa, y se había asegurado su primer contrato para escribir "romances científicos" para el Pall Mall Budget.

Después vino La máquina del tiempo, y con la novela, el éxito, aprendió a montar en bicicleta, lo que le dio acceso a muchos romances.

Algunas mujeres se lo echaron a la cara. La joven feminista Amber Reeves, a la que llamó Dusa, debido a su pelo desbordado como una Medusa, mientras que ella le llamó a él, maestro. Y mediante el uso de cartas inéditas, el biógrafo Michael Sherbone nos proporciona detalles vívidos y fascinantes de audacia de Wells y de su corazón, a veces blasfemos.

Amber fue, después de todo, la hija de unos amigos y antiguos compañeros fabianos, con los que Wells se reunñia cuando ella tenía unos dulces diecisiete. una adolescente en estado emocional que le adoraba como a un héroe y le suplicaba: "Dame un hijo".

"Caminamos y hablamos sobre las plateadas dunas, y nos sentamos e hicimos el amor en la cálida oscuridad nocturna bajo los ojos silenciosos de dos faros", escribió Wells en una carta. Y en otra: "Siempre entre cosas bellas, te amo, y todas las mañanas camino por las colinas, deseando sentir tu hombro tocando el mío. Siempre que me siento infeliz te amo".

Ella desafió a las convenciones sociales, se volvió su amante y la madre de Anne-Jean, antes de casarse con un abogado llamado Rivers Blanco-White. Vivieron en Hampstead, odiaba lavar los platos, votar a los conservadores , y se mudó a Downshire donde murió, a la edad de 94, en 1981.

Se trata de una apasionante historia que Sherborne cuenta, que le da una nueva visión a los pensamientos de Wells. De hecho, el título de su libro proviene de un pasaje de Tono-Bungay, en el que Wells escribe: "La mayoría de las personas en este mundo, parecen vivir en un 'personaje': tienen un principio, un desarrollo y un final... Pero hay otro tipo de vida, que es una degustación de varios tipos de vida..."

Sin embargo, a pesar de su erudición, la investigación de Sherborne no siempre es exacta. Asegura que Wells vivió durante un tiempo en una casa del siglo XVII en Church Row, West Hampstead, donde había cerca una iglesia. Una visita le habría dicho que el número 17 de Church Row en Hamsptead es un elegante adosado georgiano, no del s. XVII, aunque si esta cerca de la elegante iglesia parroquial de Hampstead y, posteriormente, la casa fue del actor Peter Cook.

Fuente en inglés: Books: Review - HG Wells: Another Kind of Life. By Michael Sherborne.

lunes, 7 de mayo de 2012

El hombre Invisible y la Mano Invisible VII

Como un brillante caso de estudio de ressentiment, Griffin proporciona una remarcable visión interior de la psicología del intelectual moderno y alienado, y de su típica mentalidad anticapitalista. En su sentimiento de que la economía de mercado le amenaza injustamente, proporcionándole una recompensa injusta e insuficiente por su talento y su ingenio, Griffin es el prototipo del intelectual moderno. Su actitud ayuda a explicar porqué tantos artistas, científicos, académicos y otros miembros de la elite cultural e intelectual han rechazado el capitalismo y abrazado el socialismo. Fantasean sobre un orden socialista que deshaga las injusticias de la economía de mercado porque, como Griffin, secretamente imaginan que, de alguna manera, estarán en la dirección de una economía planificada centralmente y que, por ello, serán capaces de redirigir los flujos de las recompensas como a ellos les parezca bien. El mismo Wells proporciona un ejemplo perfecto de esa mentalidad y esto podría explicar porque hace un buen trabajo al retratar a Griffin. Como Griffin, Wells proviene de un origen humilde, pasó parte de su vida como profesor, y utilizó su ingenio (con bastante más éxito) para subir en la sociedad y hacerse a sí mismo famoso. Por otra parte, a pesar de sus inclinaciones socialistas, Wells sentía un gran desprecio por el hombre común y creía que la sociedad debía ser gobernada desde arriba por una elite intelectual.

Estas actitudes surgen a la superficie de un modo brillante en El hombre invisible. Ya hemos visto que, aunque Wells se pone del lado de los habitantes de Iping contra Griffin, les presenta de un modo negativo, ridiculizando su simpleza de mentalidad. A su manera, ellos son incapaces de protegerse de un genio como Griffin. Estarían condenados sin la intervención del doctor Kemp, el médico que intenta asociarse a Griffin en su causa, pero que, después, se vuelve rápidamente contra él. Tal como Wells establece la situación, se necesita un hombre intelectual para contraatacar el esquema nefasto de otro hombre intelectual. Kemp muestra su inteligencia superior al darse cuenta, inmeditamente, que la invisibilidad de un hombre es una amenaza superior para Inglaterra y la humanidad. Más aún, es Kemp y sólo Kemp quién organiza rodos los planes de la sociedad para capturar a Griffin.

El papel de Kemp en El hombre invisible refleja la peculiar forma aristocrática que tomó el socialismo a fines del siglo XIX en Inglaterra. La doctrina socialista ofreció una forma de reprimir drásticamente todas las fuerzas productivas que habían sido liberadas por las políticas de mercado libre, fuerzas que les parecieron caóticas y anárquicas a los ingleses como Wells, y que parecían amenazar el ascenso social permanente de las elites culturales que no tenían un pasado aristocrático. Wells tenía la esperanza de sustituir esa vieja arsitocracia de nacimiento por una nueva aristocracia del talento, particularmente talento intelectual y artístico, pero no obstante, su actitud fue aristocrática y antidemocrática. Uno puede detectar en Wells un fuerte elemento del equivalente socialista del noblesse obligue. Su preocupación por el hombre común está mezclada con una buena cantidad de condescendencia, cuando no de un desprecio absoluto. En virtud de su intelecto y educación superior, Wells se veía a sí mismo con derecho a mostrar a los ingleses como deben vivir y como deben organizar su existencia social y económica. Este es el peculiar socialismo welsiano de raiz nietzscheana. Como su contemporáneo George Bernard Shaw, Wells se las arregló para combinar su doctrina socialista con la creencia de que solo una especie de superman nietzscheano podía implementarlo con éxito. Él pensaba que si la sociedad tenía que ser salvada, no podia serlo mediante un esfuerzo colectivo, sino mediante el trabajo de un sólo gran hombre, o quizás mediante un grupo de grandes hombres, una hermandad de elite.

Entonces, si he dado una versión contraditoria de El hombre invisible, la razón es que hay una contradicción fundamental en el corazón del pensamiento de Wells. Aunque él confirmó su ideal socialista de la comunidad, al mismo tiempo vio una forma de individualismo histórico en el único modo de traer el socialismo. La vacilación de Wells entre el socialismo y el individualismo heróico ayuda a explicar su retrato conflictivo del hombre invisible y la incoherencia básica del hombre invisible como un símbolo. Pero es precisamente esta incoherencia la que hace de El Hombre Invisible una obra muy gratificante para analizar. Quizás Wells haya establecido una critica al capitalismo, pero en el proceso ha terminado por proporcionar materiales para una crítica a su propia posición y, más precisamente, a la predilección artística-intelectual por el socialismo. Pero sobre todo, el retrato de Wells del hombre invisible nos enseña como despreciar al hombre común y, al mismo tiempo, despreciar a la economía de mercado. El socialismo de Wells es, en última instancia, de naturaleza estética y aristocrática. Está basado en nada más que en su convicción de su superioridad, como la de un visionario artístico, sobre la masa ordinaria de la humanidad. Evidentemente, Griffin no era un megalomaníaco a la vista.

El Hombre Invisible y la Mano Invisible VI

Para entender la hostilidad de Wells hacia el hombre invisible y el orden capitalista que éste representa, el hombre invisible puede ser visto como un autoretrato de Wells. Como su creador, Griffin es un hombre adelantado a su tiempo, tan adelantado que el público no comprende su genio. Griffin nos puede servir para dar un vistazo al lado más oscuro de su creador revelando más de lo que este desea revelar de su propia psicología. Griffin piensa de si mismo que es un dios entre los hombres — es más, juega a ese papel con el sirviente que adopta, Thomas Marvel, que incluso se dirige a él como "Señor". Especificamente, Griffin se ve a símismo como un superman al estilo de Nietzsche, elevándose por encima de las restricciones morales convencionales que el hombre ordinario se ve compelido a observar. Pero al mismo tiempo, Griffin es un estudio brillante de lo que Nietzsche llamó ressentiment. De alguna manera, el esquema de invisibilidad es un intento de compensar sus profundos sentimientos de inferioridad, inadaptación e impotencia. Viniendo de orígenes humildes, siempre corto de dinero, Griffin es un caso clásico de un hombre que trata de subir en la sociedad gracias a su ingenio; quiere desesperadamente "volverse famoso de golpe". Tiene celos de los otros investigadores y es paranoico, hasta el punto que roba sus descubrimientos. Griffin se demuestra obsesionado con las pequeñas fustraciones, principalmente por la monotonía de su carrera como profesor, continuamente rodeado de estudiantes tontos y con grandes lagunas en sus estudios, y siempre bajo la constante presión de publicar algo bueno o terminar su carrera como investigador.

En resumen, Griffin se siente terriblemente subestimado por la sociedad. Él sabe que es más inteligente que la gente que le rodea, pero muchos de ellos ganan más que él u obtienen mejores posiciones sociales. Para su gusto, la sociedad no recompensa suficientemente la inteligencia. Cuando descubre como hacerse invisible, usa su inteligencia para obtener recompensas y privilegios que la sociedad le ha estado negando. Griffin tiene que demostrar algo, tal como dice a los habitantes de Iping: "No entendeis quién o qué soy. Os lo demostraré ¡Por Dios! Os lo demostraré." Griffin siente un profundo desprecio por los hombres ordinarios, a los que considera muy por debajo de él en la cualidad que él más estima: la inteligencia. Por eso se siente frustrado cuando un hombre ordinario como Marvel puede interferir en sus planes: "¡Pese haber trabajado durante años, haberlo planificado y trazado todo, entonces se cruza en tu camino un idiota miope y torpe y lo estropea todo! Cualquier criatura estúpida creada ha sido enviada para cruzarse en mi camino." El desprecio que siente Griffin por la estupidez del hombre común significa el desprecio que siente por la economía de mercado y la manera en que esta distribuye la riqueza. Después de todo, es la economía de mercado que le ha negado su recompensa que él piensa que se merece. El principal uso que hace Griffin de la invisibilidad es redistribuir la riqueza, tomándola de sus dueños establecidos y enviándola en su propia dirección. Hasta el punto en que el hombre invisible busca deshacer la injusticia de la economía de mercado que, desde su punto de vista, no recompensa suficientemente el mérito, por lo que él mismo debería clasificarse como socialista.

Yo he presentado al hombre invisible de Wells como un símbolo del capitalismo y, de otro lado, como símbolo del socialismo: una contradicción obvia. Pero pienso que la contradicción está en la propia novela de Well, que describe a su figura central de una manera inconsistente. Wells intentó dar un retrato de la mentalidad capitalista en la figura del hombre invisible, pero evidentemente, puso demasiado de si mismo en su protagonista y, al mismo tiempo, retrato la mentalidad de un visionario político, un hombre que intenta rehacer el mundo para encuadrarlo en su imagen de un orden social justo. Más aún, en varios puntos de la novela, el hombre invisible suena más como un radical revolucionario que como un hombre de negocios capitalista. Griffin concibe la idea de un reino de terror para establecer y consolidar su poder: "¡Port Burdock ya no está más bajo el poder de la Reina... está bajo el mio, el Terror! Este es el día uno, del año uno, de una nueva época, la época del Hombre Invisible. Yo soy el Hombre Invisible I." Dificílmente este pueda ser considerado el lenguaje del mercado libre. El lenguaje de la proclamación de Griffin de una nueva época es, de hecho, el lenguaje de un totalitarismo revolucionario.

Reclamando la capacidad de espiar en cualquier esquina de la sociedad y el derecho a ejecutar a cualquiera que él elija, el hombre invisible se vuelve la imagen en el espejo de un régimen que todo lo ve sin ser visto, un régimen totalitario. Su modelo de orden no es el del mercado libre, sino el de una monarquía absoluta. Al proclamarse a sí mismo como el Hombre Invisible I, Griffin sólo está llegando a la conclusión lógica de su creencia en su superioridad mental. Él es más inteligente que todos los demás hombres, por lo tanto, él debe ser capaz de gobernar y ordenar sus vidas. De alguna manera, el hombre invisible se convierte en una fuerza profundamente atávica, que quiere llevar a Inglaterra a su pasado antiliberal, sustituyendo las fuerzas de mercado espontáneas que emergen desde abajo por el gobierno de un sólo hombre desde arriba.